Los Caminos de Natasha Cabrera: Parte 2

Trato de aplicar colores como palabras que forman poemas, como notas que forman música“.

Al pedirle a Natasha Cabrera que se describiera con una frase, fueron éstas palabras de Joan Miró las que ella eligió. Es esta la belleza del arte, ya que podemos percibir las similitudes entre cada uno de los ámbitos: la pintura, la literatura, la poesía, la música… Como en las mejores orquestas, donde existen intérpretes que tocan sus respectivos instrumentos: individualmente suenan bien. Pero es cuando se complementan y tocan en armonía que se puede apreciar ese exquisito trabajo. De esa manera, Natasha nos continúa hablando de su vida.

“No puedes esperar a que la vida te pisoteé como se le dé la gana”.
En ocasiones, los mayores obstáculos con los que nos podemos encontrar son aquellos que nosotros mismos nos ponemos. Los miedos, la incertidumbre, las dudas… No obstante, una vez que te atreves a enfrentarlos y empezar, puedes avanzar, caminar, correr y volar sin mirar hacia atrás. Natasha nos cuenta lo que, para ella, ha sido su mayor reto: hace unos cuantos años, trabajaba en un lugar haciendo cualquier cosa menos lo que le apasionaba. ¿Por qué? “Necesitaba un sueldo, una estabilidad que pensé jamás encontraría si me dedicaba al arte”. Por lo tanto, ella se sentía frustrada, cansada, aburrida y con miedo.

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Natasha, cumpliendo su mayor sueño…

“Felizmente”, dice ella, “encontré capos que me apoyaron”. Uno de ellos, Cherman Quino (“¿qué haríamos sin Che?”), reconocido artista y representante del pop art peruano. Che apoyó a Natasha, y ella recuerda que le dijo “No puedes esperar que la vida pase sobre ti y te pisoteé como se le dé la gana. Dibuja, pinta todos los días sin parar y así podrás encontrarte con todo eso que te hacía falta y te haga feliz y dichosa”. Por eso, ella considera que su gran reto ha sido enfrentar ese miedo que la invadió por gran parte de su vida y la mantenía “secuestrada, haciendo algo que no quería para mí”. Día a día, nos encontraremos con nuevos retos… sólo tenemos que respirar, enfrentarlos y conquistarlos.

“Como un David frente a Goliat”.
Es admirable saber que hay gente, así como Natasha, que ya están haciendo realidad su mayor sueño en la vida: aquel de vivir haciendo arte. Y es mucho más sobresaliente al saber que en Perú existen muchas limitaciones para con los artistas emergentes. “Lamentablemente”, nos cuenta ella, “nuestros gobernantes están más preocupados en robarle al pueblo que en la democratización del arte”. Pone como ejemplo una acción hecha por el alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio: hace un par de años, Castañeda hizo desaparecer todos los murales hermosos hechos por grandes artistas peruanos en el centro de la ciudad para pintarlos de amarillo, el color de su partido. Cómo me gusta verte sufrir, Perú…

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“Sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos”.

A pesar de esto, Natasha considera que eso está cambiando poco a poco: están surgiendo nuevos espacios, están comenzando nuevos emprendimientos artísticos de la mano de la empresa privada. “Los peruanos somos ingeniosos”, dice ella, “y salimos bien parados si le ponemos garra y empuje… Nada nos achica, ¡existe el arte para todos!” Un último punto que toca es que ahora existen muchas más facilidades para divulgar el arte. Una de ellas: las redes sociales. “Mostrar mi trabajo, que llegue fuera de mi país, ¿y que de pronto me escriba un estudio de diseño de México y me haga una entrevista? ¡Wowww!”

“Levantarnos una y mil veces si es necesario”
El arte peruano es la representación de una combinación de varias cosas, nos cuenta Natasha: su esencia está, según ella, en la cultura, sus raíces, su comida, su música, sus recursos, su día a día… “Los peruanos somos luchadores”, dice ella, “somos mezcla de razas y eso nos hace más fuertes”.

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Empieza cada día…

Finalmente, Natasha deja un gran consejo para todas aquellas personas que quieran dedicarse al arte: “Que perseveren y que no escuchen a los que digan que no se puede”. Como mencionábamos antes, existen momentos en los que somos nosotros mismos los que nos saboteamos, pero tenemos que aprender a levantarnos una y mil veces si es necesario. “Aprendan a disfrutar el día a día”, nos aconseja Natasha, “no como si fuera el último, sino como si fuera el primero. Así, el entusiasmo llegará por sí solo. ¡Nunca es tarde para volver a empezar!”

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“…como si tú lo inventaras”.

De esta manera, se despide de nosotros: “Así que aquí estoy, sonriéndole a la vida y a lo que hago. No me arrepiento de nada de lo que hice antes, porque todo enseña y ahora sé que soy capaz de muchas cosas. Me llamo Natasha Cabrera y tengo 34 años. Quiero pintar siempre, quiero sonreír siempre y, sobre todo, ¡quiero seguir viviendo del arte!”

Date una vuelta por el Instagram de Natasha aquí.

Escrito por @Ordorica96.

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